| Si esto fuera un cuento podríamos decir: La historia se inicia en las alturas de la ciudad de Viña de Mar.... Afortunadamente no lo es. Es cierto que todo parte de una población del sector alto de dicho balneario, pero los protagonistas son de carne y hueso. Y comprometidos a concho en una labor que, para muchos, podría parecer sacada de una fantasía: revivir una quebrada. Una historia que le hace frente al deterioro forestal y que mezcla dificultades, paciencia y mucho, mucho esfuerzo. | |
A un costado de la variante de Agua Santa, avenida que es paso obligado de ingreso a Viña del Mar desde Santiago, se encuentra la población Melvin Jones, casi enfrente de la antena de Canal 4 de televisión. Al igual que en varios sectores habitacionales de la ciudad, la presencia de estos tajos en la tierra, llamadas popularmente quebradas, son lo habitual. Las quebradas son algo curioso. Más que ninguna otra cosa dan cuenta del deterioro ambiental de la ciudad. Son los últimos rastros del paisaje primitivo de la ciudad. Como fotos viejas. Y el choque entre esta naturaleza y la urbe se nota. Basura, basura y más basura. Por aquí y por allá. Un pésimo final, a todas luces. Manuel Aguirre tiene 33 años y es fotógrafo profesional. Nacido y criado en la población Mavil Jones. Sin los lentes tiene un parecido impresionante con Pier Paolo Passolini, aquel irreverente cineasta italiano. Miguel Aguirre no hace cine, sino que es el mentor del GEDEQ (el Grupo Ecológico de Defensa de la Quebrada), una tropa de entusiastas niños de la población que han hecho suyo el medio ambiente de su barrio, de su ciudad. La historia comenzó en julio del año pasado y por iniciativa de su hijo, quien seguía un curso de educación ambiental en Teleduc. Había que proponer una solución a un problema ambiental dentro de la comunidad en la cual vives, como examen para el curso. Así que él nos metió a mi y a mi esposa, a mi y a un par de amigos más para descontaminar esta quebrada, recuerda Aguirre- padre. Los problemas eran serios: la eterna basura, los incendios forestales, la escasa diversidad natural. En noviembre de 1994, el grupo se reunió por primera vez y algo comenzó a cambiar en la población Melvin Jones. |
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Pájaros agogeros |
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Visitamos la quebrada a fines de invierno. Las casas rodean el lugar. Seguimos a Manuel Aguirre y llegamos hasta el fondo de la quebrada por un sendero que se escurre entre espinos, molles y bellotos. La escondida flora nativa de la región. Una vertiente natural corre desde la parte alta de la quebrada hasta un sector despejado, arrebatado a la zarzamora. Algunos tarros para basura han sido instalados por el GEDEQ, así como pequeños letreros que identifican los árboles. Llegamos al lugar de mayor orgullo para el grupo ambiental: una poza que se alimenta del curso del agua. Manuel Aguirre indica que, tras construirla, se han reintroducido especies valiosas para el ecosistema de la quebrada, como el sapo de cuatro ojos y algunos pecesitos llamados gambuzias, que se trajeron de un lugar cercano, explica. Al sitio llegan las aves a comer y beber. Luego se establecen en la quebrada dada la gran cantidad de foresta y tranquilidad. En noviembre de 1994 el trabajo comenzó en forma intensa. Había que limpiar la quebrada de la Melvin Jones, cosa nada fácil pues el sitio era un basural consumado. Sucesivas extracciones desde el lugar despejaron el camino. Los hombres del aseo municipal se iban sorprendiendo cada vez que venían, cuenta Manuel Aguirre. Salían escombros, neumáticos, restos de calefones y cocinas, incluso encontramos un automóvil, totalmente desmantelado, entre los arbustos. Lo peor era que la comunidad no estaba tampoco, muy puesta con el trabajo, problema que arrastra hasta hoy, claro que en menor grado. La dificultad se agudizaba cuando aparecían personas que, lisa y llanamente, iban a la quebrada a botar basura o capturar aves. Personalmente, yo y los niños, hemos tenido varios problemas al respecto, incluso con gente que nos veía recogiendo basura y plantando árboles. Muestra el reciente estropicio dejado por un caballo y su jinete en la poza, algunos letreros destruidos. Cuenta acerca del muchacho que tuvo que para cuando, hacha en mano, tiraba abajo un peumo. Alguna gente no sabe, simplemente, explica. Un poco para sus adentros agrega: Los adultos estamos mal acostumbrados. Ya nos dijeron que matar aves o botar basura no iba a significar nada. Que se queme la quebrada está bien mientras no se quemen las casas. El problema es que son nuestros niños los que deben vivir, constantemente, en este medio que dejamos a muy mal traer. De ahí que ellos son fundamentales en nuestro trabajo. Pese a todo, los resultados comenzaron a verse conforme el tiempo avanzaba. Manuel Aguirre calla y se escucha el breve reclamo de una pareja de loicas. Con una habilidad sorprendente detiene la conversación, a momentos, apunta con la mano hacia un árbol y dice: Mira a ese zorzal o Tenemos una nueva pareja de tiuques. Habla: Las aves nos dieron el significado de que el lugar se estaba recuperando. Incluso, llegaron nuevas especies, que no estábamos acostumbrados a ver aquí, como la rara, picaflores, chunchos, cernícalos, tencas, las que ya están establecidas en la quebrada. En total, 26 especies registradas. Todo un tesoro. Pero las dificultades no se ven tal fácil. La abundancia de aves trajo a los cazadores y a los tramperos, niños y jóvenes que instalan jaulas en los arbustos para venderlas posteriormente. Manuel Aguirre explica que tuvo que ponerse en la dura ante el hecho y gestionó su ingreso como inspector de caza ad honorem al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). Los niños tramperos no saben el inmenso daño que están haciendo. Lo peor es que se da como acto normal que se vendan aves, lo que está prohibido. Hay locales que las compran para atraer clientes o incluso hay algunos clubes o círculos de amigos de las aves cantoras de Chile que van renovando sus especies en cautiverio y que se encuentran al margen de la ley. No son pocos los ecologistas que piensan que tras los tramperos existen verdaderos carteles dedicados al tráfico de especies. Todo un problema. Aguirre insiste que, según la ley (Decreto Supremo 268 del año 1995), no se pueden tener aves tras las rejas, salvo permiso expreso del SAG, y éste es únicamente para fines científicos. |
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Nueva vida para una quebrada |
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Todos los sábado, el Grupo Ecológico de Defensa de la Quebrada se reúne para visitar la quebrada y estudiar árboles y aves en terreno. En septiembre, un grupo de miembros de Comité Pro Defensa de la Flora y Fauna (CODEFF) regional se sumó al trabajo de educación ambiental. La junta de vecinos de la comunidad ha cedido su cede para que los niños (y los adultos) del grupo se junten. Manuel Aguirre señala que ésa ha sido la mejor consecuencia del trabajo en la quebrada. Cuando mostré las fotos y diapositivas con lo que se hacía en la quebrada, durante una reunión de la junta de vecinos, los viejos quedaron impresionados. No lo podían creer. No fueron los únicos en quedar así. Bastantes han sido los que, poco a poco han ido acercándose a la Melvin Jones para apreciar los resultados del trabajo, hecho a pulso, por los chicos del GEDEQ. Desde gente de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) hasta la municipalidad viñamarina. De CONAF tuvimos un aporte de 40 árboles (quillayes, bellotos, peumos) para reforestar; de la municipalidad también existe una gran cantidad, indica Aguirre, mientras muestra algunas especies ya plantadas. Hay mucha gente que sigue plantando árboles que le quitan energía a la flora nativa, explica, es lo que pasa con el aromo o con el eucaliptus. La gente piensa que lo mejor para reforestar es eso y es una gran tarea decirles que vamos a reforestar y recuperar la quebrada con flora nativa. El grupo ecológico de la población Melvin Jones ha presentado su trabajo no sólo frente a sus vecinos sino, además, en la Ecoferia, realizada el 7 de julio pasado en Viña del Mar, lugar donde se llevaron grandes sorpresas como encontrar que una delegación de Putaendo, ecológica, exponía sus trabajos en aves... disecadas. Los niños no podían entender como podía ocurrir algo así, cuanta Manuel Aguirre. Es que los chicos están concientes del tema. Para el GEDEQ, la quebrada debería transformarse en un mini parque de educación ambiental. Manuel Aguirre la deja clara: yo pienso que no necesitamos aves en jaula y llevarnos los árboles a la casa para disfrutar de ellos. Hay que dar espacio a la naturaleza para que se desarrolle. Si nosotros podemos colaborar con otra gente, en ese sentido, sería bueno y fundamental. |
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